Fragmentos de "Confesiones de Michael Jackson" (1era parte)

lunes 5 de julio de 2010

Gracias a una amiga (a quien le agradezco) ha llegado a mis manos el libro del rabino Shmuley Boteach, "Confesiones de Michael Jackson" que, con todo derecho, ha levantado ciertas polémicas.

Ante esta publicación, a Boteach bien podría tachársele de "oportunista", de "extremista", o también he leído por ahí el término de "traicionero", entre otros varios motes más. Pero más allá de que, sin dudas, el libro ha salido a la luz en el momento justo para facturar, y que está fuertemente impregnado por el análisis y apreciaciones subjetivas del rabino, considero que hay partes que bien vale la pena rescatar (siempre y cuando las transcripciones de los diálogos sean fidedignas).

Sí es cierto que hay juicios fuertes y hasta podría decirse muy duros para con Michael por parte del autor, quien en varios trayectos parece desdecirse y, en otros, posicionarse en un escalón superior como para decretar qué sentía Michael o qué sucedía en su vida... algo que, seguramente, sólo él sabía (o, al menos, así lo espero).

Más allá de todo esto, insisto, creo hay dichos de Michael que sí nos lo revelan un poco más y, creo, vale la pena compartir... de todos modos, nada nuevo bajo el sol para quien ya ha intentado acercarse un poco más a este artista y conoce algo más sobre su alma inocente y gran corazón.

Michael habrá tenido sus defectos (como todos), sus traspiés (como todos), sus dudas y sus miedos (como todos), pero lo que nadie puede discutir es que fue un creativo, EL artista de los últimos 50 años, y un ser humano de una gran calidad: un ser innatamente puro y filósofico, un reflexivo para con la vida y la esencia humana, alguien que sí se ocupó del "otro", del prójimo, de los niños... en síntesis, un "dador" en todo aspecto de su vida.

Pues bien, me dejo de tanta palabrería, y aquí comparto con ustedes algunos de los primeros fragmentos del libro que me gustaría incluir en el blog.

"Me encantaría volver como un... como un... un... niño que nunca se hace mayor, como Peter Pan. Desearía, desearía poder creer que es verdad, que puedo volver una y otra vez".

"... Veía el parque, justo al otro lado de la calle, pero tenía que marcharme al edificio contiguo, donde estaba el estudio, y pasarme allí hasta altas horas de la madrugada. Solía quedarme mirando a los otros niños con las lágrimas rodándome por las mejillas, y me decía a mí mismo: `Estoy atrapado y ahora tengo que seguir haciendo esto el resto de mi vida, tengo un contrato que cumplir´. Pero lo que quería era salir a la calle..."

"Andaba por ahí buscando gente con quien hablar. Me sentía tan solo que a menudo subía a llorar a mi cuerto y pensaba: " Ya basta!, ya me largo, lo dejo". Y entonces era cuando me iba a la calle a caminar sin rumbo fijo. Recuerdo haber dicho a la gente: ´¿quieres ser mi amigo?´".

"... tenía la esperanza de poder hacer que otra gente me quisiera... Porque yo necesitaba desesperadamente que me quisieran, ¿sabes? La gente necesita que la quieran, uno necesita sentirse querido. Es lo más importante. Por eso me dan tanta pena esos niños en que viven en orfanatos y hospitales y que están solos, esos niños a los que incluso atan a la cama porque no hay suficiente personal (...) Me encantaría ir cama por cama soltándolos a todos, devolviéndoles la libertad".

"Siempre he sentido una inquebrantable determinación porque siempre he tenido una visión clara de lo que quería hacer y hasta dónde quería llegar, y nada me lo iba a impedir. Estoy muy centrado en lo que quiero y sé lo que quiero y lo que deseo conseguir y no me voy a desviar de mi camino".


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