“¿Qué debería decirles?”, el pequeño pez preguntó.
“Sólo diles que estás sediento”, Dios le respondió.
“Y mira qué es lo que hacen”. Luego, sin decir otra palabra, desapareció.
A la mañana siguiente el pequeño pez se despertó y recordó su sueño. “Qué cosa tan extraña Dios quiere que haga”, pensó para sus adentros. Pero tan pronto como vio un gran atún nadar cerca, el pequeño pez se le acercó y le dijo: “Disculpe, pero estoy sediento”.
“Entonces debes ser un tonto”, le dijo el atún. Y con un coletazo despectivo se alejó nadando.
El pequeño pez se sintió entonces un tanto tonto, pero tenía sus órdenes que cumplir. El siguiente animal que vio fue un gran tiburón. Manteniendo una distancia prudente, el pequeño pez le gritó: “Disculpe, pero estoy sediento”.
“Entonces debes estar loco”, el tiburón le respondió. Al notar un atisbo de hambre en los ojos del tiburón el pequeño pez nadó lejos rápidamente.
Durante todo el día se fue encontrando bacalaos y caballas, y peces espada y meros, pero cada vez que les decía su frase, los peces daban media vuelta y se iban. Sintiéndose desesperanzadamente confundido, el pequeño pez salió en búsqueda de la criatura más sabia del mar, que resultó ser una vieja ballena azul con tres heridas de arpón en su costado.
“Disculpe, pero estoy sediento”, el pequeño pez le gritó, preguntándose si la ballena siquiera podía verlo, ya que era tal insignificante manchita. Pero la sabia ballena se detuvo. “Has visto a Dios, ¿no es así?”, le dijo.
“¿Cómo lo supo?”
“Por que yo también estuve sediento en una ocasión”, la vieja ballena rió.
El pequeño pez la miró muy sorprendido. “Por favor, explíqueme qué significa este mensaje de Dios”, le imploró.
“Significa que lo estamos buscando en los lugares equivocados”, la vieja ballena le explicó. “Buscamos arriba y abajo por Dios, pero de algún modo él no está allí. Por ello lo culpamos y nos decimos que Él se debe haber olvidado de nosotros. O también decidimos que Él nos debe haber abandonado mucho tiempo atrás, si es que alguna vez estuvo cerca…”
“Qué extraño”, el pequeño pez dijo, “extrañar lo que está en todas partes”.
“Muy extraño”, la gran ballena estuvo de acuerdo. “¿No te recuerda a los peces que dicen estar sedientos?”

Michael Jackson
Dancing The Dream -1992


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